XVIII. Estado agudo de felicidad

Con dos personas entré en una comunicación tan fuerte que dejé de existir, siendo. ¿Cómo explicarlo? Nos mirábamos a los ojos y no decíamos nada, y yo era la otra persona y la otra persona era yo. Es tan difícil hablar, y tan difícil decir cosas que no pueden decirse, es tan silencioso. ¿Cómo traducir el profundo silencio del encuentro entre dos almas? Es dificilísimo de contar: nosotros estábamos mirándonos fijamente, y así nos quedamos por unos instantes. Éramos un solo ser. Esos momentos son mi secreto. Hubo lo que se dice una comunión perfecta. Yo llamo a eso: estado agudo de felicidad. Estoy terriblemente lúcida y parece que estoy alcanzando un plano más alto de humanidad. Fueron los momentos más altos que tuve. Sólo que después… Después me di cuenta de que para esas personas esos momentos de nada valían, ellas estaban ocupadas con otras. Yo había estado sola, toda sola. Es un dolor sin palabra, de tan profundo. Ahora voy a interrumpir un poco para atender al hombre que vino a arreglar el tocadiscos. No sé con qué disposición volveré a la máquina. Música no oigo hace bastante tiempo pues estoy buscando desensibilizarme. Pero hace unos días me tomaron desprevenida, al ver la película Cada uno vive como quiere. Tenía música y lloré. No es vergüenza llorar. Vergüenza es que yo cuente en público que lloré. Me pagan para que escriba. Yo escribo, entonces.

________

Revelación de un mundo Clarice Lispector, (selección de crónicas que escribió para el Journal do Brasil entre 1967 y 1973).

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>